OSTEOINTEGRACIÓN: DE UN DESCUBRIMIENTO ACCIDENTAL AL PRIMER IMPLANTE DENTAL

Todo el que sepa algo sobre implantes dentales conocerá la historia de Per-Ingvar Brånemark, y de cómo descubrió de manera accidental el proceso al que después llamaría osteointegración. Se sabe también que, a pesar de estar considerado uno de los nombres más influyentes en el campo de la odontología, en realidad ni siquiera era dentista.

Pero, ¿Sabías que siendo un joven investigador en su Suecia natal, no estaba interesado en el titanio, y mucho menos en los dientes? En realidad, el trabajo de Brånemark tenía por objetivo ampliar los conocimientos mundiales sobre la anatomía de la circulación sanguínea. Casualmente en aquel tiempo se estaba utilizando un dispositivo óptico, que se insertaba en el interior de una pata de conejo para poder observar así el tejido óseo interno. Dicho dispositivo óptico estaba encapsulado dentro de un tubo de titanio.

El resto, como suele decirse, es historia… pero, ¿Cómo pasó Brånemark de investigar la anatomía de la circulación sanguínea a principios de la década de 1950, a colocar los primeros implantes dentales en un paciente humano en el año 1965?

ESTO FUE LO QUE PASÓ

Desde que advirtió que sus intentos de retirar los tubos de titanio resultaban problemáticos, Brånemark llegó rápidamente a la conclusión de que había dado con algo importante. En vez de descartar el problema como un simple inconveniente, vislumbró la gran importancia clínica de la osteointegración (como él denominó al fenómeno), y quiso averiguar más sobre ella. Entendió que, para ello, necesitaría contar con un nutrido conjunto de expertos pertenecientes a los campos de la física, la biología y la química.

Así, bajo su dirección y a lo largo de los 8 años siguientes, un selecto equipo formado por algunas de las mejores mentes clínicas del momento volvió su atención hacia las conexiones entre el hueso y el titanio. Dichas conexiones implicaron pruebas sobre:

  • Defectos mandibulares en conejos y perros, y la sustitución de huesos minúsculos utilizando injertos de hueso autólogos (obtenidos del mismo animal).
  • Pruebas de anclaje utilizando una diversidad de superficies de implantes de titanio
  • Pruebas sobre los rechazos utilizando pequeños tubos de titanio implantados en las axilas de voluntarios que habían dado su consentimiento para ello.

Todas las pruebas llevadas a cabo en conejos, perros y humanos fueron estudiadas exhaustivamente desde un punto de vista clínico, y contaron con prolongados estudios de seguimiento a largo plazo; y si bien las pruebas arrojaron resultados asombrosos de forma consistente, hubo un hecho que se hizo rotundamente evidente: ni los animales ni los humanos mostraban señal alguna de rechazo de los implantes de titanio.

Fue basándose en estos descubrimientos que Brånemark decidió ampliar sus estudios para abarcar defectos mandibulares, en particular los problemas de edentulismo. De sus propias palabras se desprendía que…

tanto la osteointegración como el injerto óseo serían de gran utilidad en estas áreas

LOS PRIMEROS IMPLANTES DENTALES

Aunque existe abundante documentación sobre el primer paciente que recibió un implante dental, antes de ello Brånemark y su equipo seguían efectuando pruebas en dientes de perros. Durante los primeros experimentos, los dientes se extraían y eran sustituidos utilizando sencillos implantes de titanio con forma de tornillo. Transcurrido un periodo inicial de 3-4 meses para permitir la fusión del hueso, se acoplaban dientes prostéticos al mismo. También se probaron prótesis de diferentes diseños, fabricadas con materiales como el oro o la porcelana, en un intento de descubrir cuál daba mejores resultados.

Además, al realizar análisis microscópicos del tejido óseo de anclaje, se descubrió que en la mayoría de los casos, la integración se producía con éxito. Lo que es más, en aquel momento se calculó que los implantes podrían durar 10 años con escasa cantidad o ausencia de incidencias, siempre que el tejido óseo permaneciese sano y que no evidenciase señales de contaminación.

 

EL ENFOQUE HUMANO

Una vez en poder de estos conocimientos, Brånemark supo que ya resultaba seguro asumir que el anclaje óseo utilizando implantes de titanio en seres humanos no sólo era posible, sino muy probable.

Así pues, finalmente en 1965, después de años de pruebas, Gösta Laarson se convirtió en el primer paciente humano edéntulo al que se le colocaron implantes dentales. A pesar de ello, y del hecho de que, gracias a ellos, Laarson fue capaz de volver a comer, hablar y sonreír una vez más, por aquel entonces el mundo aún no estaba preparado para los implantes dentales. De hecho, a Brånemark le costó casi diez años más ganar la guerra de desgaste contra las instituciones académicas, y tuvo que luchar otros 7 años más antes de conseguir que sus implantes dentales fuesen aceptados en todo el mundo.

En la parte siguiente, recorreremos los primeros años de los implantes dentales y los estudios efectuados por Brånemark y su equipo entre 1965 y 1980, destinados a convencer al mundo de que los implantes dentales eran realmente el futuro.

 

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